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Lo que todavía tienen que aprender los nativos digitales

Publicado el: 4 septiembre, 2017. Categoría: Actualidad,Valle.

Los niños saben desbloquear un iPad o subir una foto a Facebook, pero aún no tienen una educación en valores que les enseñe las implicaciones de esos usos.

Paula se levanta y camina descalza hasta el salón, trepa hasta el sofá, presiona el botón de inicio de un iPad, pulsa los cuatro números de la contraseña y se conecta a YouTube. Todavía no ha aprendido a leer y su misión es garabatear su nombre y algunas letras, pero sabe que el icono con la carpeta la lleva hasta los vídeos que ha visto recientemente; allí encuentra decenas de capítulos de La patrulla canina y desliza hasta encontrar su favorito. Puede desbloquear todos los celulares que hay a su alrededor, enviar mensajes de voz por WhatsApp, entrar en las cuentas de Facebook de sus padres para ver fotografías y acceder a las cuentas de Instagram de sus hermanas.

Lo que Paula no sabe es que si sube una foto de sus pies o de sus juguetes a la cuenta de su padre, habrá 259 personas que podrán verla, compartirla y comentarla. No sabe que puede quedar flotando en la red, porque el contenido que subimos a la red social es público, y pasa a estar disponible para su uso y distribución. Tampoco sabe que, si su padre tiene activa la geolocalización, cualquiera podrá saber dónde está. A Paula, por el momento, no le hace falta tener conciencia de todo eso porque sus padres están vigilando el uso que da a sus celulares y tabletas. Ella está a punto de cumplir cinco años. A su alrededor, mientras, crecen varias generaciones que habiendo cumplido los 9, 13, 18 o 25, tampoco tienen conciencia ni conocimiento sobre la tela de araña que supone la red.

El talento, enfocado más que nunca al avance de la tecnología, carece todavía de una base educativa en valores que cada vez más los expertos desean establecer. Borja Adsuara, es profesor, abogado, consultor, experto en derecho y estrategia digital, autor de uno de los capítulos (Derechos y deberes de los adolescentes en la era digital) de Los nativos digitales no existen (Planeta, 2017) y, sobre todo, padre de tres hijos que se supone que son eso, nativos digitales, – aquellos que han nacido a partir de mediados de los noventa y que saben usar la tecnología, simplemente, porque han nacido con ella -. El término no le parece correcto. “En mi época, los hijos poníamos el VHS a los padres. Cuando eres pequeño tocas todo sin miedo a romperlo. Eso es parte de ese aprendizaje intuitivo, los niños tienen más facilidad para hacer prueba-error y aprender a manejar cualquier dispositivo”.

Saber manipular un dispositivo, conocer de memoria qué pestaña activa cada función o qué esconde no es lo mismo que saber cómo usarlo, qué implicaciones tiene lo que se hace con él o qué consecuencias. “Es como la diferencia entre saber cómo funciona un carro, dónde tiene los cambios, las luces intermitentes, conducir, conocer las señales, las recomendaciones y circular. No es lo mismo”. Para el experto, que bromea con la alusión a aquel eslogan publicitario que habla de lo poco que sirve la potencia sin control, el esfuerzo constante enfocado al desarrollo de la tecnología debería ir acompañado de un conocimiento temprano de lo que implica su uso.

Pasaporte hacia el otro lado (de la pantalla)

“¿No tienen que hacer los niños la catequesis para hacer la comunión? Para eso sí, pero para tener un móvil con nueve años no hace falta nada”. Según Adsuara, el mayor problema de Internet no son los contenidos inadecuados, sino la falta de educación para enfrentarse a ellos. Siempre habrán imágenes, vídeos o discursos más o menos peligrosos. “El WhatsApp, las redes sociales…  Según qué edades los niños están preparados para socializar a través de esos canales. Doy muchas charlas a padres y  madres preocupados porque sus hijos sean víctimas en casos de ciberacoso, pero nunca se preguntan si sus hijos pueden ser capaces de ser el acosador”.

El buen uso no es un complicado manual de instrucciones, sino la capacidad de ponerse en el lugar del otro: “La empatía, la mediación entre afines. Esa es una de las mejores dinámicas que ya se están promoviendo en Europa. Puede parecer muy poco tecnológico, pero es imprescindible para todo lo demás”. Arguye Adsuara dice que, mientras antes se aprendía a base de (metafóricas o a veces literales) tortas en el patio del colegio, y ahí se quedaban, ahora una imprudencia o un error te pueden marcar de por vida, y esa exposición dura 24 horas, la red no cierra. “Niñas de diez u once años que, por quererse integrar en el grupo, comienzan a hacer cualquier cosa”. Fotos inapropiadas, comentarios inapropiados, vídeos inapropiados. “Ese es el hecho diferencial”, asegura Adsuara, “educar en valores como la veracidad o el respeto a los demás, enseñar que lo que para ellos es grabar un audio o grabar un vídeo puede ser un delito contra el honor o la libertad sexual”.

Dándole vueltas a ese elemento ausente en la explosión tecnológica que vivimos, Anna Flotats y Mónica Roca, decidieron crear, en 2015, Pasaporte Digital, una iniciativa para educar en competencias digitales y alfabetización multimedia; para poner esa primera piedra que, en la mayoría de ocasiones, nunca llega a colocarse, y que deja cojo el desarrollo digital de los más pequeños. “Ambas teníamos trabajo, llevábamos ya más de ocho años de experiencia en periodismo, ambas en el ámbito educativo y nos fuimos dando cuenta de que había cambiado la forma de aprender y la de enseñar”, explica Flotats. Se pusieron a investigar sobre nuevas tecnologías y soporte digital en la educación. “Había un vacío, sobre todo en Educación Secundaria. Los niños saben usar móviles y tabletas y ordenadores, tienen en casa y en la calle, pero llegan al colegio y hay una vuelta a hace décadas”.

Cuenta Flotats que, cuando llegan a una clase con información sobre los alumnos, se asombran mucho: “Que sepamos de qué equipo de fútbol son, dónde estuvieron el fin de semana o si han ido al cine… No son conscientes de que todo lo que publican queda en la red, accesible para cualquiera”. Su experiencia desde que empezaron con estas charlas es que los alumnos de secundaria, en general, hacen un uso de la tecnología instintivo y casi automático: “Hacen cultura del exhibicionismo, no saben delimitar búsquedas ni lo que es el big data, no distinguen una fuente fiable de un blog sin actualizar desde hace años, no se imaginan que cada día llenan Internet con datos personales, ni conocen cómo gestionar su privacidad”. Dividido en 10 temas, Flotats y Roca armaron un temario para llevar hasta las aulas de secundaria las herramientas para hacer un uso crítico, responsable y activo de Internet y todo lo que engloba. “La escuela, que es ese lugar en el que se obtiene la llave para moverte por el mundo, también debería ser ese donde obtienes el pasaporte para vivir en ese otro mundo, el digital”, sentencia Flotats.

Dentro y fuera del sistema

Entrar con la suya para salir con la nuestra. Es una máxima a la que Borja Adsuara, recurre para recordar que para llevar esta extensión educativa a ese otro mundo digital también hace falta captar la atención de los alumnos, tengan la edad que tengan. “Yo uso bastante el humor como recurso pedagógico. Si les cuentas algo anecdótico ellos se quedan con el concepto principal a través de ese ejemplo. Memes, vídeos de YouTube… La cuestión es saber escoger el material y tener en cuenta que, según qué contenido sea, puede ser mejor o peor darlo con las nuevas tecnologías o con las tradicionales”.

No solo es en las instituciones educativas donde se nota esa carencia. También en la calle. Antonio Vargas, mánager de políticas públicas de Google, apunta al momento de cambio que vivimos: “Parece que nos mira siempre con el pie cambiado por aquello de la velocidad con la que todo evoluciona”. El responsable de la multinacional comenta que los colegios, los institutos y las universidades cada vez usan más dispositivos electrónicos, Internet y sus propias redes internas y las nuevas tecnologías y se apoyan en la interconectividad que proporcionan todos esos elementos. “En Google, por ejemplo, tenemos Classroom, una plataforma para que un profesor cree un entorno virtual en el que se pueda conectar toda la clase. Para hacer trabajos en equipo, o incluso para hacer una excursión virtual a un museo”.

Fuente: www.elpais.com   Tomado de: https://goo.gl/Pd7U5n

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